Juntos es más divertido y mejor

El objetivo de hoy era trabajar la asociación de cantidad a un número.

Lo más fácil hubiese sido recurrir a una ficha. Niños sentados en sus sillas, trabajando tranquilos… era tentador, pero muy aburrido.

¿Cómo hacer atractivo este aprendizaje?¿Cómo convertirlo en una actividad competencial?

No me hizo falta pensar mucho. Si queremos innovar, tenemos que hacerlo en estas pequeñas experiencias. Sólo se trata de pensar un poco y hacer de otra manera algo que llevas haciendo toda la vida.

Decidí fusionar tres aspectos: el objetivo académico, el trabajo en parejas y las habilidades sociales.

El recurso, que además me iba a servir de detonante, era una simple baraja de cartas. El éxito de la actividad dependería de la astucia del docente al trasmitir el objetivo y las normas del juego a los alumnos.

Comenzamos formando las parejas. Primera consigna: “nuestras manos están pegadas y no pueden soltarse hasta que termine el juego”

Para hacerlo más interesante, pido a los alumnos que cierren o se tapen los ojos. Mientras tanto, desperdigo la baraja por el suelo del aula y coloco los números sobre las mesas.

Segunda consigna: “en parejas, sin soltar nuestras manos, debemos recoger las tarjetas y colocarlas sobre la mesa que tiene el número que se corresponde con esa cantidad”

Tercera consigna: “antes de ubicar las cartas en la mesa, debemos preguntar a nuestro compañero ¿dónde cree que debemos colocarla?”

No es fácil afrontar un trabajo cooperativo en edades tempranas. Durante la actividad pude observar la impulsividad de los alumnos a la hora de colocar las tarjetas sobre una mesa, sin preguntar a su compañero si estaba de acuerdo o no. Repetir el juego les sirvió de entrenamiento y, utilizar el factor tiempo, fue indispensable para darle un toque de gamificación. La última vez que lo realizamos ya se daba la interacción en las parejas. Aparecía la responsabilidad individual fusionada con la interacción cara a cara y el uso de la habilidad social propuesta.

La última fase consistió en reunirnos en las mesas y comprobar que la asociación grafía-cantidad había sido correcta y, que si nos habíamos equivocado, podíamos rectificar.

En este momento surgió la Interdependencia positiva. Los alumnos eran conscientes de que el juego había terminado, que lo habían hecho bien y que lo habían conseguido trabajando juntos.

Aunque la intervención del profesor es intensa durante el juego, guiando y fomentando la participación en equipo de los alumnos, mi reflexión es que vale la pena. La actividad fue divertida, funcional y social.

Y, es que, ¿si no damos a nuestros alumnos la posibilidad de entrenarse en habilidades sociales, cómo pretendemos generar un ambiente más positivo en él aula?

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