Sorprender, emocionar y actuar para educar con éxito

Motivar a nuestros alumnos es una de las tareas que más dificulta la actividad de un maestro.

La motivación es un proceso que desempeña un papel fundamental en los procesos de atención, memoria y como consecuencia en el aprendizaje.

La neurociencia nos indica que varios neurotransmisores participan en este proceso generando estados de deseo, acción y satisfacción. Por lo tanto, la motivación es un proceso interno que debemos aprender a activar.

Uno de los aspectos más relevantes en el estudio de la motivación es que la inteligencia emocional está íntimamente relacionada con ella. Un alumno capaz de conocer sus emociones, regularlas en lo personal y social, será capaz también de mejorar su propia motivación.

Una vez escuché una frase que cambió mi visión de cómo debíamos motivar a nuestros alumnos. La he traducido así:

“Pensamos que debemos motivar a nuestros alumnos, sin embargo, esta no es una tarea que nos corresponde a nosotros. Son los alumnos los que deben automotivarse, nuestra función como docentes es ofrecerles ambientes y escenarios que provoquen en ellos este deseo”

Les mostramos una experiencia que la semana pasada llevamos a cabo en nuestro centro.

Llega la Navidad y nuestros alumnos han vivido en casa y otros lugares (centros comerciales, la calle, casas de familiares…) el ambiente navideño. Cuando los niños llegan a la escuela por la mañana, en la asamblea, la maestra con astucia, saca el tema de los adornos navideños. En frases cortas y con palabras sencillas los alumnos, que sólo tienen dos años, comienzan a contar sus experiencias: lo que han visto, cómo han adornado sus casas, etc.

La segunda fase de nuestra experiencia es ofrecerles garrafas y botellas de diferentes tamaños. La curiosidad les hace golpearlas, amontonarlas, pisarlas…. Cuando esta necesidad de exploración está cubierta, la profesora interviene y les pregunta ¿Qué les parece si hacemos un árbol de Navidad con ellas? Entonces comenzamos a hacer pruebas: las ponemos de pie, acostadas, utilizamos cinta y cuerda para amarrarlas…uno de los niños dice “No se parece a un árbol” y otro dice “el árbol de navidad es verde”. Entonces sacamos mantel de papel verde (que ya habíamos previsto) y comenzamos a forrar las garrafas y botellas.

Desde este momento, el material adquiere un poder mágico que antes no tenía. Ya comienzan a verlo como parte del Árbol que vamos a construir.

Ha surgido el deseo de construir un Árbol de Navidad

Después de varios ensayos logramos que nuestro Árbol se parezca a un Árbol de Navidad. “Hay que ponerle una estrella”, dice uno de los alumnos. Nos ponemos manos a la obra y la profesora dibuja una estrella que ellos rellenan con gomets de estrellas de colores.

Surge la iniciativa en los alumnos durante los procesos de acción

Tras poner la fantástica estrella sobre el Árbol, la profesora pone villancicos y los niños cantan y bailan alrededor de él. Entonces, añade un nuevo factor para hacer crecer la motivación de sus alumnos. Saca los instrumentos.

Los alumnos se muestran emocionados. Cogen los instrumentos y participan con mayor intensidad en el canto de villancicos. Entonces surge otra idea “Vamos a cantar villancicos a otros Árboles de Navidad” Comienza un pequeño tour por el centro que nos conduce a cantar villancicos en las otras aulas y que además implica a toda la comunidad escolar. Es un momento intenso tanto para los alumnos como para las profesoras.

Como colofón final, al regresar al aula, la profesora saca un juego de luces y los alumnos dan saltos de alegría. Ahora su Árbol de Navidad también tiene luces.

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Al concluir esta parte de la actividad les ofrecimos la oportunidad de decorar cada uno su propio Árbol de Navidad. Pintaron, pegaron gomets e incluso se ayudaban entre sí cuando uno no podía solo.

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Para finalizar los juntamos y… ¡Sorpresa!

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En esta simple experiencia está desarrollada sobre las 9 Inteligencias definidas por Gardner. Desde la Kinestésica hasta la Interpersonal. Es una experiencia educativa completa que ha partido de hacer surgir la motivación en los propios alumnos, generando ambientes adecuados para ellos, pero sobre todo interviniendo con pasión y verdadera vocación con ellos.

Podríamos concluir diciendo,

“Sorprender, emocionar, actuar…pero también vivir con pasión cada experiencia de aprendizaje que preparemos para nuestros alumnos”

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